El ecumenismo en México, fruto de los Juegos Olímpicos del 68

  • El Arzobispado de México creó la llamada Pastoral de la Olimpiada con un programa de acciones y servicios, cuya inspiración brotó de las orientaciones del Concilio Vaticano II.

Carlos Villa Roiz

Hoy 12 de octubre de conmemorará medio siglo del inicio de los Juegos Olímpicos en México, evento que está relacionado con el inicio del ecumenismo en nuestro país, ya que, a iniciativa de la Arquidiócesis de México, se reunieron representantes de distintas iglesias para buscar la manera de proporcionar a los atletas y al turismo una adecuada atención religiosa durante su estancia, sin importar su credo.

Los XIX Juegos Olímpicos de 1968 dieron pie a que el presidente del Comité Organizador, Pedro Ramírez Vázquez, implantara una olimpiada cultural de manera paralela a las actividades deportivas, y con este enfoque, el Arzobispado de México creó una Pastoral de la Olimpiada con un programa de “acciones y servicios”, cuya inspiración brotó de las orientaciones del Concilio Vaticano II, que había concluido tres años antes.

Fue así como se empezó a hablar de ecumenismo y de diálogo interreligioso, y los representantes de otras iglesias tuvieron la sensibilidad de aceptar la invitación para desarrollar juntos un programa de actividades, a fin de poder atender a los visitantes.

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La primera reunión de carácter ecuménico e interreligiosa tuvo lugar en agosto de 1967. “Fue un hecho histórico, insólito como no se había dado nunca antes”, menciona en su libro de memorias el entonces obispo auxiliar Manuel Aguilera, quien por elección, quedó al frente de esta comisión. La primera reunión se efectuó en el auditorio de la Iglesia Luterana del Buen Pastor, en Paseo de la Reforma.

El entonces Arzobispo de México, Miguel Darío Miranda, saludó a los asistentes de aquella reunión con las palabras de Juan XXIII: “Busquemos lo que nos une y no lo que nos mantiene separados.” El discurso fue contestado por el Pastor Ralph Lauusen, de la Iglesia Luterana Alemana, quien dijo: “Nosotros somos claramente una minoría religiosa en esta gran ciudad y, sin embargo, hemos sido tomados en cuenta, en una actitud de gran nobleza de parte del Sr. Arzobispo y estamos dispuestos a colaborar lealmente”.

A medio siglo de aquella reunión, el actual titular de la Comisión Ecuménica de la Arquidiócesis de México, el Padre Edgar Valtierra, entrevistado, dijo que se han notado grandes cambios. “México sigue siendo un país de mayoría católica pero la presencia de distintas religiones cristianas cada vez es más notable. Esta diversidad confesional y un mundo cada vez más globalizado motivan a la tolerancia y el interés por otras expresiones del cristianismo. La figura del Papa Francisco y los documentos magistrales de sus antecesores promueven el ecumenismo como un trabajo que no tiene retroceso, siempre ir adelante buscando la unidad.”

“Ahora, el Consejo Ecuménico de México está normado por criterios teológicos, morales y doctrinales similares, e integrado por iglesias de Rito Oriental, Iglesias Ortodoxas y comunidades eclesiales derivadas de la Reforma. Este modelo se convierte así en referencia no sólo para el resto del país, sino para otros de América que se esfuerzan también en el trabajo ecuménico.”

El Consejo Ecuménico de México, registrado ante SEGOB como una asociación religiosa, quedó inicialmente formado por las iglesias Eparquía Nuestra Señora de los Mártires del Líbano, Iglesia Católica Apostólica Ortodoxa del Patriarcado de Antioquía en México, Iglesia Ortodoxa Griega, Iglesia Ortodoxa Católica en México exarcado de la Iglesia Ortodoxa en América, Iglesia Metodista en México, Iglesia Nacional Presbiteriana de México, y el sínodo luterano de México, la Arquidiócesis Primada de México, en cuya sede en la colonia Roma, fue suscrita la creación de este Grupo Ecuménico.

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