CEDIC

COMISIÓN EPISCOPAL
PARA EL DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y COMUNIÓN

I. IDENTIDAD

La COMISIÓN DE DIÁLOGO INTERRELIGIOSO Y COMUNIÓN (CEDIC), se pone al servicio de la “colegialidad episcopal”, para facilitar una de las dimensiones que el Concilio Vaticano II impulsó para trabajar por la anhelada unidad de todos los cristianos y fomentar un diálogo respetuoso con todas las demás religiones, que favorezca la convivencia de todos los pueblos y credos, fortalezca la libertad religiosa y la paz de toda la familia humana. Se pone igualmente al servicio de cada una de las organizaciones eclesiales o religiosas no católicas que quieran cultivar en espíritu fraterno un verdadero diálogo. El Concilio Vaticano II confió especialmente el quehacer ecuménico “a los Obispos de toda la tierra para que traten de promoverlo y lo orienten con discernimiento” (UR #51).1 Este quehacer se comparte en varios niveles:

1) Nivel Universal: “Corresponde en primer lugar a todo el Colegio de los Obispos y a la Sede Apostólica fomentar y dirigir entre los católicos el movimiento ecuménico, cuyo fin es reintegrar en la unidad a todos los cristianos, unidad que la Iglesia, por voluntad de Cristo está obligada a promover.” (Canon 755, 1)

2) Nivel de la CEM: “Compete asimismo a los Obispos y conforme a la norma del derecho a las Conferencias Episcopales promover la unidad y, según la necesidad o conveniencia del momento, establecer normas prácticas, teniendo en cuenta las prescripciones dictadas por la autoridad suprema de la Iglesia.” (Canon 755, 2).

3) Nivel diocesano: Cada obispo en su propia diócesis “debe mostrarse humano y caritativo con los hermanos que no estén en comunión plena con la Iglesia católica, fomentando también el ecumenismo tal y como lo entiende la Iglesia.” (Canon 383,3).

En síntesis podemos decir que la CEDIC busca:

Facilitar a nivel nacional la necesidad pastoral del diálogo con las iglesias cristianas y las religiones no cristianas presentes en nuestra realidad social.
Promover el diálogo ecuménico con las iglesias y comunidades eclesiales que están comprometidas en impulsar el trabajo por la anhelada unidad de todos los cristianos.
Fomentar las relaciones respetuosas con las demás religiones presentes en nuestro país, de modo que se favorezca la convivencia de todos los pueblos y credos, y se fortalezca la libertad religiosa y la paz de toda la familia humana.
• Ayudar a atender pastoralmente el fenómeno de las sectas y los nuevos movimientos religiosos (NMR), y las posibilidades de diálogo y cooperación con estas expresiones religiosas en el contexto plural de la sociedad mexicana.

II. DESAFÍOS

Ser motivo de credibilidad y entendimiento entre las religiones, ofreciendo a la sociedad mexicana un testimonio común y esperanzador de los creyentes de los diversos credos, con propuestas positivas ante la secularización, la violencia, la pobreza y ante los ataques a la dignidad de la persona, la familia y la vida.
Que la pastoral ecuménica y el diálogo interreligioso se entiendan en todas las diócesis como parte integrante de la Nueva Evangelización y se establezcan los encargados y los organismos que lo hagan posible.
Procurar la formación en los valores del ecumenismo y del diálogo interreligioso en nuestros presbiterios, institutos de vida consagrada, seminarios y casas de formación, y que esta formación abarque tanto el ámbito de los principios teóricos como el que trascienda a la experiencia de la vida pastoral.
El proselitismo de algunas sectas y NMR, que recurre a métodos coactivos que impiden el diálogo y la comunión.
III. CONTEMPLACIÓN DESDE LA FE

Con respecto al trabajo ecuménico:

a) Pertenece a la actividad pastoral orgánica de la Iglesia: “El movimiento en favor de la unidad de los cristianos, no es un mero «apéndice», que se añade a la actividad tradicional de la Iglesia. Al contrario, pertenece orgánicamente a su vida y a su acción y debe, en consecuencia, inspirarlas y ser como el fruto de un árbol que, sano y lozano, crece hasta alcanzar su pleno desarrollo.”2

b) Es un imperativo de la conciencia cristiana y tiene su fuente en la unidad trinitaria: “La Iglesia católica asume con esperanza la acción ecuménica como un imperativo de la conciencia cristiana iluminada por la fe y guiada por la caridad. También aquí se puede aplicar la palabra de san Pablo a los primeros cristianos de Roma: «El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo »; así nuestra «esperanza… no defrauda» (Rm 5, 5). Esta es la esperanza de la unidad de los cristianos que tiene su fuente divina en la unidad Trinitaria del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”.3

c) Es deseo y oración de Jesucristo: “Jesús mismo antes de su Pasión rogó para «que todos sean uno» (Jn 17, 21). Esta unidad, que el Señor dio a su Iglesia y en la cual quiere abrazar a todos, no es

accesoria, sino que está en el centro mismo de su obra. No equivale a un atributo secundario de la comunidad de sus discípulos. Pertenece en cambio al ser mismo de la comunidad. Dios quiere la Iglesia, porque quiere la unidad y en la unidad se expresa toda la profundidad de su ágape.

En efecto, la unidad dada por el Espíritu Santo no consiste simplemente en el encontrarse juntas unas personas que se suman unas a otras. Es una unidad constituida por los vínculos de la profesión de la fe, de los sacramentos y de la comunión jerárquica. Los fieles son uno porque, en el Espíritu, están en la comunión del Hijo y, en El, en su comunión con el Padre: «Y nosotros estamos en comunión con el Padre y con su Hijo, Jesucristo» (1 Jn 1, 3). Así pues, para la Iglesia católica, la comunión de los cristianos no es más que la manifestación en ellos de la gracia por medio de la cual Dios los hace partícipes de su propia comunión, que es su vida eterna. Creer en Cristo significa querer la unidad; querer la unidad significa querer la Iglesia; querer la Iglesia significa querer la comunión de gracia que corresponde al designio del Padre desde toda la eternidad. Este es el significado de la oración de Cristo: «Ut unum sint».”

d) Deber de seguir avanzando hacia la plena comunión: “En un mundo marcado por una creciente interdependencia y solidaridad, estamos llamados a proclamar con renovada convicción la verdad del Evangelio y a presentar al Señor resucitado como la respuesta a los interrogantes y aspiraciones espirituales más profundos de los hombres y las mujeres de hoy. Para tener éxito en esta gran tarea, debemos seguir avanzando en el camino hacia la plena comunión, mostrando haber unido ya nuestros esfuerzos por un testimonio común del Evangelio frente a los hombres de nuestro tiempo”.5

e) Los caminos de este trabajo por la unidad son la oración, la santidad de vida y el diálogo fraterno: “Para avanzar por los caminos de la comunión ecuménica es, pues, necesario que estemos cada vez más unidos en la oración, cada vez más comprometidos en la búsqueda de la santidad y cada vez más implicados en los campos de la investigación teológica y de la cooperación al servicio de una sociedad justa y fraterna”.

f) Es un compromiso irreversible de la Iglesia: “Como mis predecesores, especialmente Pablo VI y Juan Pablo II, siento fuertemente la necesidad de reafirmar el compromiso irreversible, asumido por el concilio Vaticano II y proseguido durante los últimos años también gracias a la acción del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. El camino hacia la comunión plena querida por Jesús para sus discípulos implica una docilidad concreta a lo que el Espíritu dice a las Iglesias, valentía, dulzura, firmeza y esperanza de lograr ese objetivo. Implica, ante todo, la oración insistente y tener un mismo corazón, para obtener del buen Pastor el don de la unidad para su rebaño.”

“La relación con los hermanos y hermanas bautizados de otras iglesias y comunidades eclesiales es un camino irrenunciable para el discípulo y misionero, pues la falta de unidad representa un escándalo, un pecado y un atraso del cumplimiento del deseo de Cristo: «Que todos sean uno, lo mismo que lo somos tú y yo, Padre y que también ellos vivan unidos a nosotros para que el mundo crea que tú me has enviado» (Jn 17, 21)”.

g) Nos ayuda la lectura y meditación de la Escritura: “En efecto, en la misma Escritura encontramos la petición vibrante de Jesús al Padre de que sus discípulos sean una sola cosa, para que el mundo crea (cf. Jn 17,21). Todo esto nos refuerza en la convicción de que escuchar y meditar juntos las Escrituras nos hace vivir una comunión real, aunque todavía no plena; «la escucha común de las Escrituras impulsa por tanto el diálogo de la caridad y hace crecer el de la verdad». En efecto, escuchar juntos la Palabra de Dios, practicar la lectio divina de la Biblia; dejarse sorprender por la novedad de la Palabra de Dios, que nunca envejece ni se agota; superar nuestra sordera ante las palabras que no concuerdan con nuestras opiniones o prejuicios; escuchar y estudiar en la comunión de los creyentes de todos los tiempos; todo esto es un camino que se ha de recorrer para alcanzar la unidad de la fe, como respuesta a la escucha de la Palabra”.

h) Implica dar testimonio de nuestro bautismo: “Sí, queridos hermanos y hermanas en Cristo, sintámonos todos íntimamente unidos a la oración de nuestro Salvador en la Última Cena, a su invocación: Ut unum sint. Pidamos al Padre misericordioso que vivamos plenamente esa fe que hemos recibido como un don el día de nuestro bautismo, y que demos de ella un testimonio libre, alegre y valiente. Éste será nuestro mejor servicio a la causa de la unidad entre los cristianos, un servicio de esperanza para un mundo todavía marcado por divisiones, contrastes y rivalidades. Cuanto más fieles seamos a su voluntad en pensamientos, palabras y obras, más caminaremos real y substancialmente hacia la unidad. Por mi parte, deseo asegurar, siguiendo la línea de mis predecesores, la firme voluntad de proseguir el camino del diálogo ecuménico”.

i) Necesita agentes bien formados que actúen movidos por el Espíritu: “Hace más de cuarenta años, el Concilio Vaticano II reconoció la acción del Espíritu Santo en el movimiento por la unidad de los cristianos. Desde entonces, hemos recogido muchos frutos. En este campo, necesitamos más agentes de diálogo y mejor calificados. Es bueno hacer más conocidas las declaraciones que la propia Iglesia Católica ha suscrito en el campo del ecumenismo desde el Concilio. Los diálogos bilaterales y multilaterales han producido buenos frutos. También es oportuno estudiar el Directorio ecuménico y sus indicaciones respecto a la catequesis, la liturgia, la formación presbiteral y la pastoral”.

Con respecto al diálogo interreligioso:

a) Búsqueda de los valores comunes que ayudan a construir la sociedad: “Deseo que el espíritu y el compromiso de Asís guíen a todos los hombres de buena voluntad en la búsqueda de la verdad, la justicia, la libertad y el amor, para que toda persona humana goce de sus derechos inalienables, y cada pueblo, de la paz. Por su parte, la Iglesia católica, que pone su confianza y su esperanza en “el Dios de la caridad y de la paz” (2aCo 13,11), seguirá comprometiéndose para que el diálogo leal, el perdón recíproco y la concordia mutua marquen los caminos de los hombres en este tercer milenio…. Las religiones están al servicio de la paz. A ellas, y sobre todos a sus líderes, les corresponde la tarea de difundir entre los hombres de nuestro tiempo una renovada conciencia de la urgencia de construir la paz”.

b) Necesidad de un diálogo auténtico y sincero a favor de la paz: “Os aseguro que la Iglesia quiere seguir construyendo puentes de amistad con los seguidores de todas las religiones, para buscar el verdadero bien de cada persona y de la sociedad entera. 

El mundo en el que vivimos a menudo está marcado por conflictos, violencia y guerra, pero anhela ardientemente la paz, una paz que es sobre todo don de Dios, una paz por la que debemos orar sin cesar… Nuestros esfuerzos para encontrarnos y fomentar el diálogo son una valiosa contribución para construir la paz sobre fundamentos sólidos… Por tanto, es necesario entablar un diálogo auténtico y sincero, construido sobre el respeto a la dignidad de toda persona humana, creada, como los cristianos creemos firmemente, a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27)”.

c) Para promover la colaboración social de los creyentes: “El diálogo fecundo entre fe y razón hace más eficaz el ejercicio de la caridad en el ámbito social y es el marco más apropiado para promover la colaboración fraterna entre creyentes y no creyentes, en la perspectiva compartida de trabajar por la justicia y la paz de la humanidad… Para los creyentes, el mundo no es fruto de la casualidad ni de la necesidad, sino de un proyecto de Dios. De ahí nace el deber de los creyentes de aunar sus esfuerzos con todos los hombres y mujeres de buena voluntad de otras religiones, o no creyentes, para que nuestro mundo responda efectivamente al proyecto divino: vivir como una familia, bajo la mirada del Creador”.

“La Iglesia reconoce como parte esencial del anuncio de la Palabra el encuentro y la colaboración con todos los hombres de buena voluntad, en particular con las personas pertenecientes a las diferentes tradiciones religiosas, evitando formas de sincretismo y relativismo, y siguiendo los criterios indicados por la Declaración Nostra aetate del Concilio Vaticano II, desarrollados por el Magisterio sucesivo de los sumos pontífices. El rápido proceso de globalización, característico de nuestra época, hace que se viva en un contacto más estrecho con personas de culturas y religiones diferentes. Se trata de una oportunidad providencial para manifestar cómo el auténtico sentido religioso puede promover entre los hombres relaciones de hermandad universal. Es de gran importancia que las religiones favorezcan en nuestras sociedades, con frecuencia secularizadas, una mentalidad que vea en Dios Todopoderoso el fundamento de todo bien, la fuente inagotable de la vida moral, sustento de un sentido profundo de hermandad universal”.

d) Implica promover la libertad religiosa: “Sin embargo, el diálogo no sería fecundo si éste no incluyera también un auténtico respeto por cada persona, para que pueda profesar libremente la propia religión. Por eso, el Sínodo, a la vez que promueve la colaboración entre los exponentes de las diversas religiones, recuerda también «la necesidad de que se asegure de manera efectiva a todos los creyentes la libertad de profesar su propia religión en privado y en público, además de la libertad de conciencia». En efecto «el respeto y el diálogo requieren, consiguientemente, la reciprocidad en todos los terrenos, sobre todo en lo que concierne a las libertades fundamentales, y en particular, a la libertad religiosa. Favorecen la paz y el entendimiento entre los pueblos»”.

e) Responsabilidad de todos los creyentes con la sociedad y con la creación: “La Iglesia católica es consciente de la importancia que tiene la promoción de la amistad y el respeto entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas –esto, lo quiero repetir: promoción de la amistad y del respeto entre hombres y mujeres de diversas tradiciones religiosas–, lo atestigua también el trabajo valioso que desarrolla el Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso. También es consciente de la responsabilidad que todos tenemos respecto a este mundo nuestro, respecto a toda la creación, a la que debemos amar y custodiar. Y podemos hacer mucho por el bien de quien es más pobre, débil o sufre, para fomentar la justicia, promover la reconciliación y construir la paz. Pero, sobre todo, debemos mantener viva en el mundo la sed de lo absoluto, sin permitir que prevalezca una visión de la persona humana unidimensional, según la cual el hombre se reduce a aquello que produce y a aquello que consume. Ésta es una de las insidias más peligrosas para nuestro tiempo”.

“El diálogo interreligioso, además de su carácter teológico, tiene un especial significado en la construcción de la nueva humanidad: abre caminos inéditos de testimonio cristiano, promueve la libertad y dignidad de los pueblos, estimula la colaboración por el bien común, supera la violencia motivada por actitudes religiosas fundamentalistas, educa a la paz y a la convivencia ciudadana: es un campo de bienaventuranzas que son asumidas por la Doctrina Social de la Iglesia”.

Con respecto a la atención al fenómeno de las sectas y nuevos movimientos religiosos:

a) Dar razón de nuestra fe ante las nuevas propuestas religiosas: “El comienzo del Tercer Milenio ofrece un auténtico kairós para la evangelización. Las mentes y los corazones están abiertos como nunca antes a recibir información seria sobre la visión cristiana del tiempo y de la historia de la salvación. La prioridad no debería consistir tanto en poner de relieve las carencias de otros enfoques, sino más bien regresar constantemente a las fuentes de nuestra propia fe, para poder ofrecer una presentación adecuada y sólida del mensaje cristiano. Podemos estar orgullosos de lo que se nos ha confiado y por eso hemos de resistir a las presiones de la cultura dominante y no enterrar esos dones (cf. Mt 25, 24-30). Uno de los instrumentos más útiles de que disponemos es el Catecismo de la Iglesia Católica. Tenemos también una inmensa herencia de caminos de santidad en las vidas de los cristianos del pasado y del presente”.

“Hoy se hace necesario rehabilitar la auténtica apologética que hacían los padres de la Iglesia como explicación de la fe. La apologética no tiene porqué ser negativa o meramente defensiva per se. Implica, más bien, la capacidad de decir lo que está en nuestras mentes y corazones de forma clara y convincente, como dice san Pablo «haciendo la verdad en la caridad» (Ef. 4, 15). Los discípulos y misioneros de Cristo de hoy necesitan, más que nunca, una apologética renovada para que todos puedan tener vida en Él”.

b) Ofrecer un mejor testimonio de vida cristiana: “Según nuestra experiencia pastoral, muchas veces, la gente sincera que sale de nuestra Iglesia no lo hace por lo que los grupos “no católicos” creen, sino, fundamentalmente, por lo que ellos viven; no por razones doctrinales, sino vivenciales; no por motivos estrictamente dogmáticos, sino pastorales; no por problemas teológicos, sino metodológicos de nuestra Iglesia. Esperan encontrar respuestas a sus inquietudes. Buscan, no sin serios peligros, responder a algunas aspiraciones que quizás no han encontrado, como debería ser, en la Iglesia”.21

c) Advertir del proselitismo insistente: “Tampoco hay que descuidar el grave problema de los ‘nuevos grupos religiosos’, que siembran confusión entre los fieles, especialmente en los ambientes medios y marginales o pobres. Sus métodos, sus recursos económicos y la insistencia de su labor proselitista hacen impacto, sobre todo, entre quienes emigran del campo a la ciudad”.

IV. OBJETIVO GENERAL

Que la Iglesia Católica que peregrina en México asuma su compromiso de promover la unidad de todos los cristianos y de fomentar un diálogo respetuoso con todas las demás religiones, de modo que se favorezca desde nuestra patria la convivencia de todos los pueblos y credos, y se fortalezca la libertad religiosa y la paz de toda la familia humana.

VISIÓN 2015: La CEDIC contribuye a fortalecer la identidad católica de nuestros fieles, cooperando en dinamizar la Misión Continental Permanente en el espíritu de la Nueva Evangelización y ayudando a establecer diálogos ecuménicos e interreligiosos que fomenten la paz y a la consolidación de los valores cristianos para contribuir a la transformación de la realidad en México.

V. LÍNEAS DE ACCIÓN

1. Ofrecer un diagnóstico actualizado y líneas de reflexión sobre el pluralismo religioso, así como respuestas pastorales concretas al fenómeno de las sectas y NMR en México.

• OBJETIVO ESPECÍFICO: Ayudar a los obispos y a los agentes de pastoral a fomentar una apologética equilibrada y positiva que sirva para consolidar la fe y dar formación práctica y efectiva.

Estrategias (Cómo):

a) Informando sobre la realidad actual, la historia y las actitudes de las iglesias y grupos religiosos (A.R.) presentes en México, y configurando respuestas pastorales a los retos que presenta su acción proselitista.
b) Desarrollando herramientas pastorales que sean útiles para analizar el fenómeno sociológico de los NMR, reflexionar sobre sus avances, y proponer acciones concretas y prácticas para enfrentar el reto de su avance.
c) Ofreciendo subsidios pastorales que ayuden a abordar el desafío de los nuevos movimientos religiosos (NMR), especialmente los de cuño pentecostal, dando razón de nuestra fe para fortalecer la identidad católica de los fieles y dar instrucción práctica y efectiva.
d) Ofreciendo subsidios que den directrices claras y bien fundamentadas sobre la validez de sacramentos de las demás denominaciones cristianas, especialmente el Bautismo, y sirvan de referencia para una pastoral de recuperación de la identidad católica y su correcta valoración.
2. Promoción del espíritu y principios del Ecumenismo.

• OBJETIVO ESPECÍFICO: Difundir los principios ecuménicos y sus tareas básicas en torno a: la oración por la unidad de los cristianos; el diálogo para el mutuo conocimiento; el testimonio y colaboración en causas comunes culturales y sociales.

Estrategias (Cómo):

a) Dando a conocer el Directorio para el Ecumenismo (1993) en la formación pastoral intraeclesial, de modo que nos ayude a ponerlo en práctica, distinguiendo de modo correcto entre el Ecumenismo y el Diálogo Interreligioso.
b) Editando anualmente el folleto para el Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos, en el que se incluyan temas pastorales y reflexiones ecuménicas que puedan aplicarse a nuestra realidad eclesial.
c) Brindando asesoría a los obispos, vicarios de pastoral y/o delegados diocesanos de ecumenismo y diálogo interreligioso, y obteniendo información de la realidad nacional en estas áreas.
d) Promoviendo la oración y la reflexión ecuménicas a lo largo de todo el año en los diversos sectores del Pueblo de Dios.
e) Ofreciendo un taller de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso para la formación de agentes de pastoral en las Provincias Eclesiásticas, para que se tengan directrices claras y encarnadas a la realidad mexicana.
3. Promover acercamientos ecuménicos y con otras religiones no cristianas.

• OBJETIVO ESPECÍFICO: Promover el diálogo y la cooperación con las confesiones cristianas y con las religiones en cuestiones que favorezcan la libertad religiosa, la paz y la justicia social en nuestra sociedad.

Estrategias (Cómo):

a) Promoviendo encuentros fraternos con las Iglesias y Comunidades eclesiales presentes en nuestro país para divulgar los diálogos teológicos oficiales que se mantienen; fraternizar en ocasiones especiales de la vida eclesial; reflexionar en la evolución histórica de las divisiones y los acercamientos; y comunicar avances en diálogo y tolerancia mutua
b) Fomentando la cultura del diálogo que permita valorar adecuadamente a las demás expresiones religiosas, sobre todo en puntos comunes de valores humanos – sociales.
c) Participando en iniciativas de encuentros que promuevan los valores humanos, especialmente la paz, la libertad religiosa y la defensa de la vida, para la edificación de la sociedad, y ofreciendo esquemas para realizar este tipo de encuentros.
d) Ofreciendo orientaciones desde nuestra identidad católica para laicos que participan en la vida pública sobre el diálogo interreligioso y las actitudes adecuadas para abordarlo en la vida social y política de nuestra realidad mexicana.
e) Estableciendo enlaces con organismos católicos, consejos ecuménicos e interreligiosos, así como con instituciones serias que promueven el diálogo y la comunión.